Hay palabras, estados y verdades que nos encuentran, ¿no crees?
Hace ya un tiempo Serenidad me encontró escribiendo sobre ella en mi otro blog mientras escuchaba de fondo la canción de la película HER:
“Hoy estoy muy conectada con una sensación de bienestar que hacía tiempo no tenía, así que me permito escribir por aquí lo que me nace mientras me acompaño de la música de piano. El piano me hace viajar como si me deslizara por las olas del mar, es S E R E N I D A D.
Ahora mismo se me ocurre darle mi propio origen a la palabra serenidad: si la separo me llega Ser-en-idad. Si pienso en -idad, me llega «deidad» y esta palabra viene del latín deitas que significa «naturaleza divina». Por lo tanto, según mi percepción, «serenidad» podría entenderse como «ser en Dios» y eso me lleva a sentir calma, sosiego, estar bien… Es como ser en uno mismo, ser en esencia, SER. De nuevo, el destino es la Unidad.”
Esa descripción me llegó mientras escribía y escuchaba.
Por otro lado, recientemente le escuché a Nazareth Castellanos que la palabra entusiasmo, del griego en-theos, significa “inspirado por un dios”, que yo lo traduzco a mi conciencia de «estar en Dios«.
Desde que esta comprensión de la serenidad y el entusiasmo está en mi vida me acompañan allá donde voy y con ellas presentes acompaño mi servicio. Ser y estar en Dios para mí es lo mismo que estar en la frecuencia que nos corresponde. Simplemente Somos.

El entusiasmo es una entrega alegre e incondicional. Es un impulso que nace del corazón cuando algo resuena profundamente con lo que somos. Es el motor que nos mueve cuando sentimos que lo que hacemos tiene sentido y que estamos en el lugar correcto haciendo lo que tenemos que hacer. Es amor en movimiento, creación, inspiración y expansión.
La serenidad es esa sabiduría de quietud que llega cuando dejamos de forzar lo que no es. Es la paz que renace cuando nos rendimos amorosamente a lo que es. No es pasividad, sino presencia; es un caminar liviano. Yo siento que la serenidad nos ancla y nos recuerda que no necesitamos correr detrás de nada, que todo está aquí cuando nos permitimos ver.
Ambas cualidades danzan juntas en misión, son complementarias. Cuando te acompaño en tu proceso, estas dos cualidades me guían:
- El entusiasmo me conecta con el gozo de compartir lo que he ido integrando, de estar al servicio desde el amor.
- La serenidad me permite percibir sabiamente la verdad de lo que me confías, ofrecer presencia, sostener sin prisa, sin juicio y sin querer cambiar nada.
Quizás tú también estés buscando ese equilibrio, así que te invito a darte permiso para habitar ambas. Reconoce tu propio ritmo, confía en tu voz interior, baila con los dos movimientos: el que se lanza hacia la experimentación de la vida y el que reposa en lo más cotidiano y sencillo del día a día.